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martes, febrero 1

Aquello inombrable pero presente.

Cáncer. Nuevamente cáncer. Siempre rondando. ¿Tendré en mis genes la probabalidad de padecerlo? Ya en ambas ramas se padeció. No me importa, si me llega lo enfrentaré por puto. Pero odio cuando ronda demasiado cerca. Mucho más cuando es una certeza, y no sabés que decisión habrá que tomar.

Pero lo extraño, es no sentir el dolor atroz. El miedo. ¿Estoy resignado? Siempre pensé que todo se basa en un, a veces sensible, equilibrio. El haber llegado tan lejos, y tan bien, uno terminaba pensando "algún problema se va a venir, nunca hay que dejar de ser optimistas, pero a la vez, hay que ser realistas". Quizás no sea resignación. Ya después de haber batallado y perdido, solo pienso en batallar con alma y sangre, y esta vez, no darme por vencido ni aún vencido, asegurándome de conquistar el terreno psicológico al menos.

Sigo pensando. ¿Qué pasa por dentro mío? Escribo y escribo, rompiendo una costumbre, para ver si en una de estas oraciones se me escapa algo del subconciente. ¿Habré madurado y aprendido a aceptar que algunos momentos llegan aunque no quieras? Imposible, aún me queda mucho terreno para recorrer y soy demasiado rebelde para aceptar cosas así. ¿Me estaré volviendo frío? No, no puede ser.

¿Tan difícil era darme... no sé, 10 años así te podías enfrentar con alguien que supiera? No se como lo voy a tomar cuando se esté por terminar. No quiero perder a nadie más, sin importar la edad.